miércoles, 21 de noviembre de 2018

LO QUE HAGÁIS A CUALQUIERA DE MIS PEQUEÑOS, A MÍ ME LO HACÉIS (Enseñanzas de Antonio Oliver Montserrat) Vin Cens



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Enseñanzas de Antonio Oliver Montserrat

LO QUE HAGÁIS A CUALQUIERA DE MIS PEQUEÑOS, A MÍ ME LO HACÉIS
Les voy a contar la historia de un peregrino que empezó su camino siguiendo la dirección del sol: de Oriente a Occidente. El pobre empezó en Japón, a pie, y cuando caía la noche entraba en una casa, cenaba, dormía, y así hasta el día siguiente durante semanas y semanas. De golpe se dio cuenta de que, aunque le daban comida y posada en el lugar donde se encontraba en ese momento, los de la casa le vigilaban constantemente: estaba en China. Siguió caminando, y un buen día, cuando pidió pasar la noche le dijeron que sí, pero al pedir algo de cena le dieron un trocito de pan y un vaso de agua: estaba en Constantinopla. Continuó caminando y, por primera vez, cuando llamó a una puerta, le dijeron: sí, puede usted dormir, pero no le vamos a dar de cenar: estaba en Austria. Siguió adelante, y ya le dijeron: -Comer y dormir sólo esta noche, ¿eh?; mañana a las 8 se tiene que marchar: estaba en Francia. Emprendió otra vez el camino y al final llamó a una puerta, donde le dijeron: ¿comer y dormir aquí, en nuestra casa?, usted está loco; y el hombre, perplejo, se preguntaba: ¿dónde he caído yo? Fue en el único sitio donde le contestaron: está en la católica España. Esta es la moraleja: cuanto más nos acercamos a Occidente la hospitalidad disminuye, y cuanto más cristianos menos hospitalarios.
La deformación cristiana nos ha llevado a algo tan inhumano como poder robar en casa del vecino, y arreglarlo con una simple confesión. Puedo ser antipático en la ventanilla, pero los domingos se los dedico enteros a Dios; en familia suelo ser insoportable, pero cuando comulgo me levanto un palmo del suelo, me elevo. Este es el cristianismo que tenemos.
Como la creación es profana se puede hacer con ella lo que se quiera. Si ves un perrito y le sueltas una patada, no te confiesas de ello. Si ves dinero en el suelo, te lo metes en el bolsillo y no preguntas de quién es. ¿Tiene que ver esto con Dios?. Si sales por la mañana sin lavarte y oliendo mal -hablo de ecología- estás contaminando, a pequeña escala, pero estás contaminando. El hombre que es capaz de ir en el tren contaminando, el día que tenga una fábrica de ácido sulfúrico no dudará en contaminar los ríos. El que es capaz de fumar sin pedir permiso, si en vez de tener un cigarrillo de 10 centímetros lo tuviera de 40 lo fumaría igual. El que es capaz de dar una patada a un perro, mañana se la dará a un niño. Mi madre, que no era un genio, me decía: -No empieces robando cinco céntimos, porque cuando tengas 15 años te llevarás la vaca del vecino.
En esto ha desembocado el cristianismo. Por eso es de agradecer que los que vienen de lejos, de la paganía, como son los defensores de la naturaleza, hablen "teológicamente" desde la ecología. Los teólogos de hoy, ya dicen que si queremos hablar de verdad de teología hemos de conocer el mundo que pisamos: la medicina, la física, la biología. No es culpa del cristianismo el no hablar así, sino de los cristianos, porque esta verdad se empezó a predicar hace 2000 años. Un hombre no puede salvarse a espaldas de la creación.
¿Creemos esto los cristianos? Los hay que van por la vida desentendidos totalmente de la edificación de la ciudad terrena; por ejemplo, son capaces de permitir que un hijo suyo se cargue los rosales del parque público e incluso le dicen: -Vete guapo y me traes una rosa... Son capaces de cortar un pino sin más, si les interesa para su finca, aunque no haga ninguna falta. O son capaces de tirar sus desperdicios al río o a la calle, sin pararse a pensar. Ahí empieza todo: si ensucias la creación, te ensucias a ti mismo, porque la creación eres tú. La creación es el lugar donde nos salvamos, no en el cielo.
El mensaje del Evangelio
El primero que lo dijo fue Jesucristo: "Lo que hagáis a cualquiera de mis pequeños, a mí me lo hacéis". Y es el hombre el que habla, el Hombre-Dios. Y habla de los hombres pequeños de la creación. Dios está igual en la creación que en la eternidad. Si rompes una flor, se la rompes a Dios: Él está en ella. Puedes cortar una flor, pero para hacer un regalo, no para destrozarla. Puedes escupir al cielo, pero te va a caer encima. Puedes tirar porquería al mar, pero tal vez haya otro sistema mejor de deshacerse de los desperdicios.
"Tuve hambre, ¿me diste de comer?". Esa es la actitud con toda la creación. San Mateo no habla de ir a misa: "Si cuando vengas a ofrecer el sacrificio te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti..., es decir, hay algún rasguño dentro..., primero irás a coser el rasguño y a reconciliarte con tu hermano y después vendrás a ofrecer el sacrificio". Todos los que van a misa con deudas pendientes, mejor que no vayan. No digo que sea igual, sino que es mejor que no vayan, porque se ahorran la hipocresía.
Jesucristo no fue entendido hace 2000 años y hoy, gracias a muchas heridas que nos duelen por dentro, podemos entender por primera vez lo grande y lo ecológico que es este dicho del Señor. Si has manchado la ciudad vete primero a recoger la suciedad y después te acercarás al tabernáculo o a misa. Si tienes un amigo dolido que podrías y deberías perdonar y no lo has hecho, primero irás a reconciliarte con él y luego vendrás a misa. Y ahora pasémoslo al universo: mientras tengamos el tinglado armado de polución, de ríos muertos, de mares innavegables, de hermanos o amigos muertos de hambre, mientras tengamos todo esto, no osemos jamás hacer un acto de religión. Individualmente quizá lo podamos hacer, porque tenemos buena voluntad, pero la humanidad cristiana hoy no debería recibir tantos sacramentos. No. Son una farsa. Lo ha dicho Jesús. Un acto fuera de la creación es un acto de condenación.
He aquí la gran responsabilidad del hombre. Si todos los cristianos dejaran de ir a misa y se pusieran a cultivar su parcela de responsabilidad con el entomo, les nacería la misa entre las manos; si nos olvidamos de esto por ir a misa, Dios se retiraría allá, al cielo.

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