viernes, 8 de marzo de 2019

JESUCRISTO ES LA PALABRA DE DIOS SOBRE EL DOLOR (P. Antonio Oliver Montserrat) Vin Cens

JESUCRISTO ES LA PALABRA DE DIOS SOBRE EL DOLOR
Cuando el dolor se hace profundo o cuando la ausencia de Dios se hace dolorosa, hay que acudir a esta palabra sonora, pero también misteriosa de Dios, que es la encarnación. Dios se hizo hombre y al hacerse hombre se hizo carne humana como la nuestra; y esta carne, que es Palabra de Dios, es una persona divina: Jesucristo; y a su vez, esta persona, el Verbo encarnado en Cristo, es Palabra de Dios. Si le preguntamos a esta palabra, que es definitiva y suena en todas las montañas de la creación: ¿hay algo sobre el dolor?, la respuesta es la presencia de Cristo sufriendo. Esto quiere decir que la única explicación, la única palabra sobre el dolor, es una palabra de vivencia humana.
Así, por tanto y en primer lugar, nadie está autorizado a hablar del dolor si no lo ha vivido en su carne. Y en segundo lugar, aun aquel que haya vivido en su carne el arañazo terrible del dolor, no puede hablar de él con objetividad, porque el dolor del otro también forma parte personal del dolor, lo cual quiere decir que es irrepetible e ininteligible. Ninguno sufre igual que el otro, como ninguno muere igual que el otro. El dolor animal puede ser semejante a nuestro dolor físico, pero no al dolor espiritual y humano. Por eso tú no sufres como yo, ni yo como tú. Tú me lo puedes contar a mí y yo a ti; yo te explicaré mi vivencia, que a lo mejor te valga como envoltura para tu dolor, y tú me explicarás la tuya, que quizá me servirá también para dulcificar el mío o darle un sentido; sin embargo, repito, que cuando Dios ha querido decirnos una palabra sobre el dolor, nos lo ha dicho en una vida humana.
El dolor no se explica, se sufre
Debería valernos para siempre, pero no se puede describir el dolor ni se puede hacer una investigación filosófica sobre él para comprenderlo, a menos que se sufra; así como la mejor explicación del vino no emborracha a nadie, la explicación del dolor no calma a nadie. Sólo hay una manera de vivir el dolor: asumirlo. Cristo, palabra viva de Dios y vida humana terminada en el dolor de la muerte, no sólo topó con el dolor en su muerte, sino también en su vida.
Primera conclusión, primera respuesta fundamental a la palabra sobre el dolor: hay que tomarlo en serio, no se puede minimizar. Cristo lo tomó muy en serio desde el primer momento de su vida pública, desde las tentaciones tan humanas como misteriosas. Hoy sabemos que las tentaciones son una actitud vital. Todo hombre que quiera caminar sentirá constantemente la atracción hacia la derecha o la izquierda. A esto se le llama la tentación. Satanás decía: "¿Por qué no conviertes las piedras en pan y dejas de sufrir?". "¿Porqué no te tiras del campanario abajo? Vendrán aparatosamente los ángeles a recogerte y la gente que lo vea creerá que eres un profeta". "¿Por qué no me adoras postrado y te daré todos los reinos del mundo, que son míos?. La respuesta de Jesús deja claro que no es ninguna gloria poseer los reinos del mundo, evidentemente.
El rechazo de Cristo a las tentaciones no se da sólo al principio de su vida; todo el que se adentra en ella, en la vida de una sinceridad humana, topa con el abismo, con la succión de la tentación hasta el final. Cristo sintió toda la vida la tentación de convertir las piedras en pan y las ganas de hacer aparatosamente algún milagro que demostrara de una vez a los idiotas que él estaba aquí. Pero no lo hizo jamás. El dolor está siempre al lado del que camina, es la sombra de nuestro caminar. Esta idea contrasta con la aspiración a esa vida de luz que queremos llevar. El dolor nos sigue y se nos pega como un parásito. La luz automáticamente da sombra; los que no dan sombra son los que viven en tiniebla o llevan una vida tenebrosa.
Cristo se enfrentó con el dolor y lo tomó en serio. No vino a dar explicaciones, como si fuera una categoría de la inteligencia, sino a combatirlo y a situarlo en su lugar en la vida, porque lo mismo puede destruir a una persona que hacerla inmortal. El dolor es un existencial, identificativo de nuestra existencia. Sólo puede minimizar el dolor quien no lo ha sufrido, porque cuando muerde, muerde de verdad.

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